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Nuestro mayo del 68

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Teníamos entre diez y doce años en mayo del 68. A esa edad, las niñas de mi ciudad no podíamos salir a la calle donde corríamos peligro. En las calles del centro de Bogotá, sólo se veía a los gamines que surgían de debajo de los puentes como muestra del abandono de la infancia en un país que carecía de mecanismos para protegerlos. Ejemplos aleccionadores pretendían disuadirnos de semejante desobediencia: la prima que se perdió y apareció llorando en una esquina porque no encontraba el camino de regreso, o el hombre del costal que se robaba a los niños para hacer salchichón con ellos. Más de uno juraba haber encontrado tres deditos en un trozo de salchichón. Éramos niñas y debíamos obedecer a los mayores que nos sujetaban al espacio cerrado de la familia. Tan sólo explorábamos una parte mínima del barrio en donde acabábamos de instalarnos: un lote abandonado al frente, el jardín de la vecina con quien   a veces se nos permitía ir a jugar, como algo excepcional, pues sólo íbamos a ...

Queda la palabra Yo. Poetas colombianas ante el presente

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Este volumen rinde un homenaje a la poeta colombiana María Mercedes Carranza, quien nos dejó en 2003. Y es que el título ─Queda la palabra Yo─ es inicio de un verso que pertenece a un poema que comentaré más adelante.   La palabra de las mujeres en la tradición literaria colombiana ha tenido que romper la hegemonía patriarcal que hasta ahora, en todas las literaturas, fija el canon. Los argumentos, históricamente excluyentes, de la crítica oficial se apoyaban en una presunta calidad, en la idea de que las diferenciaciones de género son banales. Y lo son, según se miren, pero es también una trampa argumentar la escasa valía de la poesía escrita por mujeres para excluirlas.  Las poetas colombianas son escasamente conocidas en los circuitos internacionales debido a la falta de una estrategia crítica que las acoja. En España, Carmen Conde publicó en 1947 un importante libro de poesía claramente feminista, Mujer sin edén. Ella   emprendió la tarea de difusión d...

De Michael Gold a Betty Smith, los pobres en la literatura

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    “Yo te confieso, para mí nada tan repugnante como esa bestia prolífica, que entre vapores de alcohol va engendrando hijos que hay que llevar al cementerio o que, si no, van a engrosar   los ejércitos del presidio o la prostitución”, le dice Iturrioz   a su sobrino Andrés, el joven estudiante de medicina en El árbol de la ciencia , de Baroja. Es el tratamiento que reciben los pobres en cierta literatura, realidad que abordaría   la novela naturalista francesa con curiosidad “científica”, en su afán de explicar los males sociales. Pensemos en Germinal (1885), narración sobre una huelga de mineros en el norte de Francia que muestra cómo el deseo de los pobres de cambiar las cosas se apaga ante las condiciones inhumanas en las que sobreviven. Iturrioz, el personaje barojiano, es todavía más radical en su desprecio hacia los pobres (más que a la pobreza) cuando afirma: “Yo tengo verdadero odio a esa gente sin conciencia que llena de carne enferma y podrida ...

Sixparo de Milagros Salvador

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Milagros Salvador es una poeta singular en el panorama de la escritura de mujeres en lengua española, por la manera que tiene de abordar los temas, como el amor y el erotismo, por su conciencia de género y su compromiso con las causas sociales, por su pasión por Madrid y la devoción hacia la escritura. Su amor por las palabras convierte la escritura en un acto mágico del que emerge la profundidad del sentimiento, porque escribe bajo el sortilegio del abecedario que va desentrañando en cada título, en cada poema, en cada verso. Este libro que ha nombrado con el término extraño: Sixparo es un ejemplo del efecto que ejerce en ella una palabra sustantiva como el nombre, que en este caso guarda un significado misterioso, la clave para acceder a otro tipo de saber más profundo, el que ofrece la verdad poética. El poemario se divide en cuatro partes, siendo la cuarta un breve epílogo. En la primera el yo poético se desdobla en Penélope para comunicarnos el dolor de la ausencia. Los...

José Enrique García: historia y ficción en Una vez un hombre

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Cuando la historia de un país existe solo en documentos dispersos e incompletos, en vagas tradiciones que deben ser comparadas y evaluadas, el método narrativo es obligatorio.    Andrés Bello  La narrativa dominicana, desde sus orígenes, avanza con el proceso de formación de la nación, y coincide con el Romanticismo europeo. Enfrentada primero a Haití, amenazada por España, Francia e Inglaterra, y ocupada en 1916 por los Estados Unidos, la República Dominicana se había fundado en 1844. La turbulenta y apasionante historia del país se impone sobre sus narradores instaurando un género designado como Ficción Montonera, al decir del crítico Bruno Rosario Candelier, quien en el ensayo Ficción montonera. Las novelas de las revoluciones encuentra en Enriquillo (1882), de Manuel de Jesús Galván: “un fotograma socio-cultural y epocal de la sociedad fundada por los españoles en los albores del siglo XVI”. Tres son los vicios que, a juicio de Candelier, constituyen el caldo d...

Esperanza d’Ors: belleza y verdad del arte

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¿En un mínimo espacio vital se puede respirar sin molestar a los demás? ¿Cuánto abarca ese mínimo espacio? Podríamos preguntárselo a los sobrevivientes clandestinos que viajan en contenedores. Muchos de ellos atraviesan océanos en busca de un refugio seguro. En su mayoría proceden de Latinoamérica o África Subsahariana donde huyen del hambre o la violencia y se aventuran hacia gélidos destinos, Suecia, Noruega o Canadá. Es una vieja historia que viene a recordarnos cuán poco hemos avanzado como especie. Arrancados de sus raíces, desde el siglo XVII hasta el XIX, los africanos fueron transportados a la fuerza hacia el Nuevo Mundo en los navíos negreros. Iban en pésimas condiciones de higiene y alimentación, tanto que muchos de ellos morían en la travesía. Lo cierto es que hasta entonces no se había visto una miseria igual, allí donde se hacinaban hasta 400 cautivos separados por sexo y edad. Los hombres permanecían desnudos y trabados para evitar que escaparan o se suicidaran durante ...

El primer cuento de García Márquez

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En 2017 celebramos el cincuentenario de la publicación de Cien años de soledad , aunque también se cumplieron setenta de la publicación de «La tercera resignación», el primer cuento de García Márquez, que se publicó en el periódico El Espectador . Con apenas veinte años, éste sorprendía por su precoz dominio del idioma y de las técnicas narrativas modernas. También es verdad que el arte narrativo en los años cuarenta en Hispanoamérica se renovaba con la irrupción de las vanguardias y de las nuevas corrientes de pensamiento del siglo XX. El descubrimiento del inconsciente desvelaba los misterios de la mente humana. Los narradores fantásticos, como el uruguayo Felisberto Hernández, exploraban los pasadizos secretos del sueño y conjuraban los demonios interiores en unos cuentos extraños en los que lo insólito se instalaba en la vida cotidiana. Pero Hernández ya tenía en su compatriota Horacio Quiroga un referente inevitable. El temor a la muerte y a la locura, que llevó a Quiroga al su...