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jueves, 4 de julio de 2013

Roberto Alifano: Borges y Neruda

El 2 de junio pasado tuve el honor de presentar al escritor argentino Roberto Alifano en la Casa de América en Madrid a propósito de la charla que impartió sobre la relación entre Borges y Neruda. Los datos sobre este escritor se pueden encontrar en su página web. Poeta, narrador, traductor, periodista cultural, profesor universitario nació en Gral. Pinto al oeste de la provincia de Buenos Aires en 1943. Publicó una primera novela Dante, la otra comedia; y entre los libros más recientes Tirando manteca al techo, libro que cuenta la vida del famoso play boy argentino Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, conocido como “Macoco”, relato inspirado en las conversaciones que tuvo con él. Este libro es una apasionante travesía por la belle époque que tiene como protagonista a un hombre que vivió a lo grande y se codeó con la más glamurosa sociedad norteamericana y europea.
La generación de Alifano es la de autores como Blas Matamoro, Ricardo Piglia y Vlady Kociancich que vivieron el peronismo durante su infancia. Su nacimiento coincide con el estallido de la revolución del cuarenta y tres, un golpe de estado tras el cual emergió esa figura dominante de la historia argentina, Juan Domingo Perón, un fantasma, al parecer, vivo en el corazón de muchos argentinos y que Borges no soportaba, porque había sido perseguido de manera infame por aquel régimen.
La vida de Alifano está marcada por su relación con Borges a quien acompañó desde 1974 hasta 1985 en el papel de amanuense. Con él tradujo cuentos de Stevenson, poemas de Hesse y relatos de Carroll. Sobre Borges ha escrito numerosos libros entre los que destaco: Conversaciones con Borges y El Humor de Borges. En este último, inspirado también en las conversaciones entre ambos, nos ofrece la imagen de un personaje único por sus lapidarias respuestas y por su capacidad de reírse de sí mismo.
Pero el libro es muy interesante porque también aporta las claves de algunas de las narraciones borgeanas, además de ofrecernos un rico anecdotario sobre las situaciones a que dio lugar su obra, como la invención del personaje Pierre Menard, que muchos lectores creyeron real. El diálogo entre Borges y Alifano permite un juego de complicidades que abre la puerta a la imaginación y da lugar a confidencias, como las que Borges le hace al explicarle que había escrito ese texto después de una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte. Este libro de Alifano es también un ejercicio de memoria que trae hasta nosotros una imagen vívida de un Borges que se abre en la comunicación lo que permite el libre fluir de su pensamiento, algo que se debe a la discreta y generosa posición del interlocutor.
La obra de Alifano también aflora gracias a la escucha, porque hablar, como dice Heidegger, es escuchar y solo quienes saben escuchar dialogan de verdad. Creo como Heidegger que la actitud de escuchar es el acto de máxima generosidad, tanto como el recordar a los que se han ido y nos dejan el legado de su ser, como Neruda y Borges. En los libros de Alifano, trabajados en base a conversaciones, se da la circunstancia de que él, como sujeto, se sitúa casi en las sombras. Pero ese lugar es cómodo porque le ofrece la mejor perspectiva, le permite tomar notas y registrar cada detalle que lo conduce a reflexiones agudas e ingeniosas.
Quisiera detenerme en su relato Tirando manteca al techo, que recomiendo, porque todo lo narrado parece tan irreal como el cine, y tan fantástico como el espejismo de la riqueza que da lugar a excentricidades y caprichos. Macoco vivió en Buenos Aires donde se hizo famoso por sus aficiones, los caballos y las carreras de coches. Después de tomarse la noche porteña se fue a la conquista de Londres, París y Beverly Hills donde dejó una leyenda por sus amores con las divas del cine, desde Rita Hayworth hasta Claudette Colbert. La inmensa fortuna que dilapidó para satisfacer sus caprichos, dio lugar a la famosa frase del actor Sacha Guiltry: Il est riche comme un argentin. El libro es un trozo de esa Argentina soñada que se desvaneció por el peso de la realidad, tema muy recurrente en Alifano, el del sueño que se sueña y sobre el que ha escrito unas cuantas variaciones.
Quisiera señalar que si el estar de Alifano en sus conversaciones ha sido discreto, también lo ha sido su estar en este mundo como poeta, ya que es casi imperceptible. El sujeto desaparece de su obra, como señala el propio Borges en el prólogo al libro de poemas de Alifano, Sueño que sueña, “El soñar de estas páginas es un verbo que no tiene sujeto; es un sueño sin soñador, un sueño impersonal como la lluvia o como la caída de las hojas en el otoño”. De este poemario, compuesto de treinta y cuatro variaciones sobre el tema del sueño que sueña, me permito citar una: "¡Ah, perros del hortelano/ que no soñáis ni dejáis soñar”. Confío en que la obra de Roberto Alifano inspire a los lectores otras variaciones de sus sueños.

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