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domingo, 26 de mayo de 2013

Eros y la doncella, o la revolución traicionada

“De la extrema desigualdad de las condiciones y de las fortunas, de la diversidad de las pasiones y de los talentos, de las artes inútiles, de las artes perniciosas, de las ciencias frívolas, formaríanse multitud de prejuicios igualmente contrarios a la razón, a la felicidad y a la virtud.” Tales palabras de Rousseau inspiraron los principios que la revolución francesa vendió al mundo: Libertad, Igualdad, Fraternidad, y que fue incapaz de llevar a la práctica. En Eros y la doncella (Verbum, 2013), un trepidante relato que nos sitúa en el centro de la revolución francesa, el escritor Mario Szichman (Buenos Aires, 1945) nos introduce en el ambiente de este convulso periodo de la historia de la humanidad, cuando fueron decapitadas miles de personas por venganza y por temor, pero siempre en nombre de la libertad y de la soberanía del pueblo. La guillotina aquí se nos presenta como un símbolo de la ruptura radical con el pasado, una doncella insaciable que inmola a los condenados, quienes ante la muerte crecen o se envilecen.
Todo un pueblo está electrizado ante la vista de la sangre que no para de correr y que atasca los desagües de la ciudad. Son tantos los decapitados que los cementerios ya no pueden acoger los cadáveres y hay que trasladaros a otras fosas comunes y echarles cal para evitar epidemias. Pero en esa orgía de muerte la vida sigue con una desconcertante intensidad, entre rumores, conspiraciones y pasiones amorosas extremas. La moda y las costumbres se adaptan a los nuevos tiempos, se celebran fiestas en los salones y en las casas, mientras las masas asisten a las ejecuciones con fervor y con odio. El régimen de terror impuesto por el máximo líder, Roberpierre, da lugar a las más sofisticadas formas del disimulo. Le corresponde al arte desenmascarar a los farsantes: el teatro y la pintura recogen los gestos de los vivos y los muertos, que se inmortalizan gracias a un David quien pinta en el momento en que los hechos tienen lugar, como la ejecución de Lepeletier; o el novelista Jean-Baptieste Louvet célebre autor de Les Amours du chevalier de Faublas(Paris, 1787), que entretiene a los lectores con folletines en los que defiende los ideales de la revolución. Tampoco falta la magia del gabinete de las maravillas, que distrae a los revolucionarios, después de aquellas purgas con las que se pretende purificar a la patria.
El autor nos muestra de qué manera, consumida por las contradicciones, la revolución lleva al precipicio a sus artífices y seguidores, entre la confusión donde se ponen de moda los perversos, las autoflagelaciones, las sociedades secretas y la pornografía que se convierte en una gran industria, pero también se vive el amor más allá de la muerte, como anticipación de la sensibilidad romántica decadente. Estremece la profanación que protagoniza Danton del cadáver de su querida Gabrielle, cuyo cuerpo es esculpido a partir de cadáver, en un desesperado intento de inmortalizar sus rasgos, lo que intenta el escultor Claude Deseine. Dentro y fuera de los hechos narrados, un general venezolano, Francisco de Miranda, conspira al lado de los Girondinos, en medio de sus aventuras galantes. Su vida es de una intensidad delirante, muy propia de la época: encarcelado y condenado, se libra de la guillotina milagrosamente. No es este el destino de Danton, Marat y Robespierre a quienes espera la doncella implacable, lo cual es paradójico, si pensamos que, antes de la revolución, el joven abogado Robespierre era contrario a la pena de muerte. Pero en pleno furor depurativo, se alejaba de quien creía en una república democrática y virtuosa y llegó a afirmar: “El terror sin virtud, es desastroso. La virtud sin terror, es impotente”. Esta purga inquisitorial que padecieron tantos franceses no deja de tener un tinte religioso, esa necesidad de inmolar también a los inocentes.
Con gran habilidad, Mario Szichman, que vivió en Caracas entre 1967 y 1971, ha novelado distintos capítulos de la historia de Venezuela con obras que han merecido importantes distinciones como el Premio Casa de las Américas 1969 con La verdadera crónica falsa, junto con la célebre Trilogía de la patria boba, una saga sobre la independencia de la Gran Colombia: Los papeles de Miranda (2000), Las dos muertes del general Simón Bolívar (2004) y Los años de la guerra a muerte (2007), a las que se suman otras novelas premiadas y traducidas a otras lenguas. En Eros y la doncella Szichman pone en evidencia que el imperio de la razón, que anima a la revolución francesa, produce monstruos que empiezan aniquilando a los enemigos, después a amigos y cercanos y finalmente a sí mismos...una advertencia para las tiranías que se creen eternas e improvisan razones para mantenerse en el poder

2 comentarios:

  1. En ocasiones es políticamente incorrecto que un autor agradezca a otro sus comentarios sobre un libro que ha publicado. Bueno, pues seré políticamente incorrecto. Para mí es un enorme galardón que la novelista Consuelo Trivino Anzola haya escrito una reseña de mi novela Eros y la doncella. Las palabras de Consuelo tienen un peso específico, pues ella es la autora de La Semilla de la ira, una de las mejores novelas publicadas en América Latina en las últimas décadas. Al recrear la vida del escritor José María Vargas Vila, la autora ha escrito un libro bueno que lejos de ser una sumatoria de libros buenos, es una obra trascendente.
    Mario Szichman

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  2. Querido Mario:

    El honor es mío, aunque me sonrojo por estos comentarios sobre mi novela. Pero, como de lo que se trata es de Eros y la doncella, te diré que lo más importante es que esta entrada sobre el libro te haya gustado.
    Un fuerte abrazo,
    Consuelo

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