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domingo, 29 de noviembre de 2015

Elle et lui, retrato del artista atormentado, de George Sand

Elle et Lui de George Sand es una novela que mueve a reflexionar, no solo sobre las relaciones tormentosas de una pareja sumergida en la sentimentalidad romántica, sino en cómo se llevan hasta el límite los conceptos absolutos sobre el amor y el arte, por un lado y, por otro, en cómo la razón resuelve los dilemas de la mujer que vive entre los dos extremos. La novela refiere los amores de los pintores Laurent y Thérèse, marcados por un tercero, el rico americano Dick Palmer que desea hacerse un retrato y que Thérèse envía a Laurent con el deseo de que el artista se beneficie por ese trabajo.
Tras los nombres de los protagonistas se solapan George Sand y Alfred de Musset quienes dieron mucho que hablar con sus amores. Publicada en 1859, la obra no pasó inadvertida, sobre todo, porque hirió sensibilidades y provocó respuestas polémicas como la del hermano de Alfred, Paul, que se sintió ofendido por la imagen que se ofrecía del artista. También la de la escritora Louise Colet a quien le pareció exagerado el papel de Thérèse, a su juicio, falseado porque se mostraba víctima de su amante, dechado de bondad y de virtudes. La respuesta de Colet fue otro libro Lui, donde ofrecía su versión de los hechos. Por su parte, Alfred de Musset había descrito sus amores con Sand en Confessions d’un enfant du siècle.
Elle et lui se publicó dos años después de la muerte de Alfred. Evoca la historia de amor vivida por ambos entre 1833 y 1835. Poeta y dramaturgo, Musset empezó a estudiar medicina que abandonó al no soportar la mesa de disección, lo que demuestra su sensibilidad. Debutó como dramaturgo con La noche veneciana, después de haber publicado Cuentos de España e Italia. En 1834 la pareja hizo un viaje a Venecia donde cayeron gravemente enfermos. A raíz de las infidelidades de Alfred, Sand buscó consuelo en otros brazos para escapar de una relación sadomasoquista que la atormentaba. Algo similar ocurre en el relato novelesco donde la pareja se traslada a Italia y vive experiencias como las de la ficción.
La obra se construye a partir del diálogo y la confrontación entre los amantes, con la intervención de un tercero que parece mediar entre ellos, pero que, en realidad, aspira al amor de Thérèse. Empieza con la carta de Laurent en la que se pone en evidencia la complicidad entre ellos, los sentimientos maternales de Sand/Thérèse, quien protege a Laurent/Alfred. Ella era mayor seis años y una escritora célebre en un mundo masculino en el que supo ponerse al mismo nivel de autores como Balzac.
Aquí se caracteriza al artista atormentado por la búsqueda de un ideal de belleza inalcanzable, ya que ese ideal requiere un estado de gracia que no consigue. Frustrado por la imposibilidad de purificar su alma, él se sumerge en el vicio con mujeres que representan lo opuesto de Thérèse. Ella es honesta, independiente, talentosa y maternal, pero sufre por la oscuridad sobre su pasado, algo muy habitual en las novelas de Sand. Los amantes se encuentran, se separan, se dan más de una oportunidad, enferman, se aíslan. Ella se refugia en una vida austera y sencilla en el anonimato; él en los vicios la bebida y los paraísos artificiales, que lo llevan a la locura y el delirio.
Gracias a Palmer, Thérèse conoce una forma de amar menos apasionada, pero más sólida, aunque a veces percibe en éste una frialdad desconcertante, ya que se muestra pragmático y toma decisiones radicales. Sin embargo, Thérèse le debe a Palmer el haber aclarado las circunstancias de su pasado, el matrimonio con un hombre que la repudió y le arrebató el hijo. En una muestra de generosidad, como ideal romántico, Palmer rescata al hijo y se lo entrega sin pedirle nada a cambio. La maternidad le devuelve la paz a la protagonista y la preserva de unos amores que podrían destruirla. Thérèse se despide de Alfred con estas palabras: “Has aspirado con todas tus fuerzas al ideal de felicidad, y no lo has alcanzado más que en sueños. Pues bien, tus sueños, mi niño, son tu propia realidad, tu talento, tu vida: ¿acaso no eres un artista?”. Para Sand, ciertos hombres geniales como Musset están condenados a errar en la tempestad y a crear en medio del sufrimiento. Estos seres son víctimas del destino y no podrían ser juzgados de la misma manera que el resto de los hombres. El sufrimiento y el castigo son el precio de la gloria alcanzada por ellos.
En en el drama de Musset, Lorenzaccio, el protagonista personifica al héroe romántico que vive en una dualidad permanente entre la virtud y el vicio. El desgarro del artista se debe a su convencimiento de que la humanidad es propensa al vicio y a la corrupción. En un mundo degradado no es posible esa pureza a la que aspira el artista romántico.

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