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martes, 29 de octubre de 2013

Ética y estética: la construcción de la identidad en Kim Insuk

Quiero dejar constancia de la grata sorpresa que ha sido para mi descubrir a dos escritoras coreanas que voy a presentar.La primera es Kim Insuk cuya fragilidad contrasta con la fuerza de sus narraciones
En el relato «La autobiografía de una mujer» (Diez escritoras coreanas, Madrid, Verbum, 2011), Kim Insuk aborda el tema de la autoría y la escritura, pero el texto trasciende a otras esferas del ser como los orígenes y la condición social, la identidad, los roles femenino y masculino, los desgarros interiores, el cuestionamiento de la maternidad como algo inherente al ser femenino, la creación y la destrucción, la escritura como vía para conjurar el dolor y la frustración.
La protagonista es una escritora ante una situación ambigua. Un colega le pide relevarlo en la tarea de escribir por encargo la autobiografía de un importante hombre de negocios, de cincuenta y dos años, del que ella no sabe nada. De estructura circular el relato se cierra con la frase que da comienzo: la pregunta que el hombre le lanza a la narradora. «-¿Le agradan los gatos?», y que no espera respuesta porque el hombre no escucha, solo desea conversar. El cuento señala contrastes que cambian la percepción de los personajes. Por un lado, tenemos a la escritora de origen humilde, con dificultades económica; por otro, al hombre rico que quiere alcanzar influencia política y se inventa una biografía para ofrecer una imagen falsa de sí mismo, con la finalidad de ganarse las simpatías de la gente, en particular de las mujeres.
La farsa permite reflexionar sobre la realidad y la ficción del texto que se va a escribir. Subraya la sensación de opulencia al contemplar la ciudad de Seúl, desde la lujosa suite del hotel: el éxito del hombre, por un lado; y el fracaso del hermano y del padre, por otro. En el extremo del hotel está la casa de la escritora: un sótano húmedo, con los libros arrumados y olor a orina de gato. Así, ante la perspectiva que le ofrece la lujosa suite sus valores se tambalean.
Pero hay un conflicto moral: si escribe ese libro será cómplice de una mentira. No obstante, hará ese trabajo por dinero, consciente de lo que implica: «Y, a pesar de la repugnancia que sentía no había forma de pasar por alto el hecho de que la suma que recibiría haciendo de negra era mucho más alta que cualquier otro trabajo que hubiera realizado en los últimos diez años». Pero no es solo la tópica biografía del hombre que triunfa en los negocios por propio esfuerzo, el filántropo que empieza desde abajo y un golpe de suerte le ayuda a escalar posiciones, gracias a la subida de los precios de ciertos terrenos, pues la biografía no encaja en este punto, ya que la realidad contradice su versión.
Aquí se abordan cuestiones de género cuando la narradora señala que el hombre la utiliza: «….parecía que consideraba que para evitar malentendidos que pudiera provocar en las mujeres activistas, se requería que se escribiera de forma que pudiera ganar su simpatía». Ella indaga en sus relaciones con las mujeres, sus ex esposas que no tienen buena opinión de él. La escritora se defiende del hombre aclarando su punto de vista: «…le eché en cara que lo que yo escribía no era su biografía, sino su autobiografía. Por tanto, quien escribía no era yo, sino mi mano.» La intriga se complica a medida que crece nuestra curiosidad sobre una vida llena de sombras, no solo respecto a las relaciones del hombre con sus anteriores mujeres, sino al hecho de que su fortuna haya crecido en los momentos más represivos de la historia del país. La autobiografía empeora cuando se tienen en cuenta los testimonios de las ex esposas que aportan una opinión muy negativa: criminal, cínico, maltratador.
El conflicto moral no se resuelve solo con el hecho de que la autora sea consciente de la renuncia a su yo, para poner en el papel lo que otro le dice, y de lo que no desea hacerse responsable. No es el caso, por ejemplo, del esclavo norteamericano que en el siglo XIX le contaban su vida a un interlocutor, quien escribía su vida después de discutir con él. El texto se completaba con elementos que servían para condicionar su recepción, pero a veces las opiniones de los redactores ahogaban el testimonio del esclavo.
Más allá de la preocupación por la autoría, hay un conflicto, una historia familiar de donde emerge la figura del padre. Éste colecciona libros de biografías de personajes famosos o novelas históricas y pretende infundir en el hijo (no en la hija) el hábito de la lectura. La autora comenta al respecto: «Yo que por ser mujer no tenía necesidad de escuchar tales sermones, me desvivía queriendo escuchar esos largos y tediosos discursos. Desde entonces deseaba ser escritora y me palpitaba el corazón con solo pensar en que algún día mi libro estaría colocado en la estantería de mi padre.» La niña accede a los libros a espaldas de la autoridad. Ante el fracasado intento del padre por inducir al hijo en la lectura, aquel tiene que admitir la vocación de la hija. Como he señalado, los dos hombres de la familia están al extremo del rico y poderoso. ¿Qué diferencia a estos hombres? Por un lado están los pobres y honrados; por otro, los ricos acaso sin honra. Lo que no se explica, pero se deja leer entre líneas, es que el hombre exitoso pudo haber perdido el honor para enriquecerse. Poco se nos dice del papel de la madre que crió al hijo de acuerdo a los deseos del padre, con valores como el honor y el éxito que refieren las biografías que éste atesoraba en su biblioteca, y que no tiene nada que ver con su vida. La autora señala al respecto: «El hecho de que una personalidad pudiera llegar a ser pobre, pero un pobre no llegaría ser una personalidad, una personalidad que pudiera rechazar el éxito. Pero el que no tiene éxito jamás llegará a ser una personalidad»: La conclusión es que los pobres esperan un golpe de suerte improbable. El cuento muestra el abismo entre la realidad de los libros y la realidad de cada individuo, a la vez que cuestiona la validez de lo escrito, sobre todo, cuando las biografías nada dicen de renuncias y fracasos.
La relación de la escritora con el padre y con el hermano subvierte los valores, ya que ella asume la responsabilidad de sus errores. Al venderse, ésta alcanza una legitimidad moral: sacrificarse por el hermano. Pero la escritora necesita otra salida: la expresión de su yo sometido, solo posible si escribe una novela «de verdad» sobre el personaje, dando voz a sí misma a través de una narradora que responde lo que el poderoso Yo Ho-gap le oculta.
Como decía, este cuento de estructura circular se cierra con la pregunta de Yo Ho-gap, sobre los gatos, que la escritora responde evocando al novio que le regaló un gato, un chico a quien ella le contaba las historias que quería escribir, creyendo que su vida podía ser mejor a través de los sueños, pero el muchacho la abandona y tras su marcha, ella comenta: «¡Al día siguiente aborté el feto que había morado en mi vientre por casi cinco meses» (que acaso corresponden a gestación del libro por encargo). Podríamos decir que el feto sería la obra escrita contra su voluntad. Mientras que ella desea llevar en el vientre su verdadera novela, la que justificaría su existencia.
La escritura como una actividad a espaldas de la autoridad empieza con la niña que ocultaba flores y hojas en las páginas de los libros, que tenía prohibido tocar. Esta secreta afición es algo íntimo y personal, que se pervierte si se pone al servicio de una mentira, de una autobiografía falsa, principio moral que acaso rige la escritura de Kim Insuk.
Nacida en 1963, Kim Insuk es profesora del Departamento de Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad Nacional de Seúl y una de las escritoras más importantes. Debutó a principios de los ochenta en medio del régimen dictatorial. Su obra, a juicio de la crítica, da cuenta de los inexplicables absurdos de la vida y las contradicciones de la sociedad coreana. Entre sus treinta libros publicados y traducidos al inglés destacan. To Be Insane, Ocean and Butterfly y Goodbye Elena. Su novela The Long Road se centra en el trabajo de los expatriados coreanos en Australia. El título está inspirado en una conocida canción, que le sirve para mostrar la alienación de los emigrantes. Sus novelas a partir de los noventa ahondan en la interiorización de valores arraigados en el capitalismo feroz, el compromiso, el cansancio, el aletargamiento y la melancolía de la sociedad. La mayoría de los protagonistas, como la del relato que comentaré, pertenece a la clase baja que se rinde ante los obstáculos y tiene que corromperse para sobrevivir.

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