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domingo, 20 de noviembre de 2011

Laura Zavaleta, poesía bajo las piedras

Recibí una grata sorpresa el pasado 18 de noviembre escuchando a un grupo de poetas centroamericanas en Casa América. Estaban allí gracias al empeño de Concepción Bados Ciria quien hace parte de un proyecto que consiste en acercarnos a la literatura centroamericana, difundiendo la obra de sus poetas, mujeres. Destaca Laura Zavaleta (El Salvador, 1982), entre estas voces que se afirman en su condición de mujeres en la resistencia, ante los avatares políticos que deciden la suerte de ese trocito de nuestra América herido a machetazos, desde que la gran potencia decidió dividirlo para apropiárselo. Recordemos que el Salvador, antiguo Cuscatlán, tierra de collares, en náhuatl, soportó en el siglo XX durante 12 años una guerra que dejó un saldo de 75.000 muertos. En ese contexto las mujeres llevaron sobre sus hombros el peso de la guerra, además de en calidad de víctimas, afrontando el reto de sostener el edificio social. A cambio no han obtenido ni el más mínimo reconocimiento, todo lo contrario, para abrirse camino con su escritura han tenido luchar contra la invisibilidad que las castiga condenándolas al silencio. Por esta razón su mérito ha consistido en dar vida, también en la ficción, y en buscar la belleza, o la armonía, en medio del horror y de las fuerzas que intentan borrarlas, esas barreras culturales que se resisten y que en periodos de paz hieren la inteligencia. Laura Zavaleta pertenece a una nueva generación de mujeres que miran desde las alturas las barreras mentales y siguen adelante. Pero ella, además, hurga en las profundidades de la tierra buscando la palabra poética, para nombrar lo innombrable, para referirse a lo que ya no es aquí y está más allá: dentro de nosotras. Así, se adentra en una zona de misterio, en la oscuridad y el silencio, viaja hacia la muerte, como Orfeo. ¿Cómo nombrar la muerte?, nos preguntamos. En su caso, creo que empieza por levantar las piedras bajo las cuales se ocultan los muertos, una forma de morir, de tocar el misterio. Su poesía nos sitúa en una zona de riesgo, en un campo minado. Ella sabe que bajo la tierra que pisa hay palabras que te destrozan, que dinamitan la conciencia, pero que también iluminan el camino con su dolorosa y herida verdad. Laura Zavaleta asume los riesgos y rastrea en las capas más profundas del idioma, para traernos estas minas que estallan en la página. Pongo como ejemplo un poema titulado: "Mujer y muerte" del que cito unos versos: “Querida, los segundos sin permiso, pasan / y todo es estrujado acá dentro/ en la cabeza cargo un nudo de inviernos y solo digo: / Cómo vas conduciendo la noche mientras desciende / de mi este largo hilo de hormigas/”. Es indudable que en aquella tierra central que une dos hemisferio, donde yacen enterrados antiguos dolores, florece la poesía con una potencia y una contundencia que nos devuelve la esperanza en el futuro de nuestra América y en el poder creador de sus mujeres, frente a la pulsión destructora que amenaza no solo a la cultura y a la tradición de que somos parte, sino a la vida.

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